THE POWER OF VOGUING

Desde mi niñez siempre me han gustado dos cosas: Madonna y Vogue. La verdad es que no era muy usual que a una niña pequeña le gustase Madonna y menos usual era que todos los viernes cuando mis padres iban a hacer la compra les volviese locos para que me compraran la revista Vogue. ¿A caso una niña entiende su contenido? La verdad es que no la leía, pero siempre me sentí fascinada por esas portadas llamativas donde las modelos salían con poses de estatua.

A lo largo de mi vida he ido creciendo con la música pop, viendo los videoclips de Madonna, Lady Gaga, he bailado en escuelas de baile, he leído revistas de moda (sí, ahora sí que entra Vogue). Lo que vengo a decir, es que a día de hoy, es cuando me he dado cuenta que indirectamente la cultura del Voguing de una manera u otra, ha estado presente en mi influyéndome de una manera creativa.

Llegados a este punto quizás te preguntes, ¿qué es el Voguing? Lo primero que puede venirte a la cabeza es la Biblia de la Moda o el famoso hit de Madonna “Vogue”. Y sí, no vas por mal camino. Pero la subcultura de Voguing va mucho más allá.

Retrocedemos a 1960. Nos situamos en Harlem, un barrio al norte de Manhattan donde se estaba consolidando como un epicentro artístico de gran importancia en Estados Unidos. Es aquí, en los clubs undergorund del barrio newyorkino, donde la comunidad queer afroamericana y latina crean un espacio donde podían expresarse con total libertad. Surgen de esta manera, las Ballroom o salones de baile donde esta minoría escapaba de la discriminación que sufrían a diario. Vestidos con prendas extravagantes y llamativas, vivieron su libertad escondidos en clubs a las 5 de la mañana para no ser descubiertos, bailando bajo el son de la música house. En esta época eran los marginados por excelencia, siendo minoría entre las minorías en una época donde Estados Unidos estaba sombreado por una terrible persecución de la raza negra. Encontraron en estos clubs y balls un lugar de refugio. De esta manera aparecen las “houses” o “casas”.

Las “houses”, eran grupos unidos que se convirtieron en familias. Reclutaban a todas aquellas personas pertenecientes a la comunidad LGTBIQ con problemas familiares o excluidos por su condición. La primera “house” surge en los años 70 cuando Crystal Labeija organizó un Ball bajo el nombre de su casa “House of Labeija”, para ayudar a estas personas a desarrollarse artística, social y personalmente, instaurando sin querer el sistema de casas de la cultura Ballroom. En la actualidad se mantiene, creando una jerarquía y sistema de organización donde hay una “mother” o un “father” para referirse a la persona que lleva la voz cantante y que protege y cuida del grupo.

Estas casas de baile competían entre sí mostrando sus habilidades de baile, vestuario y actitud. Hacían una performance que, con total desparpajo, criticaban a otras “houses” con ironía para impresionar a los jueces y así llevarse el premio.

Las “houses” más que un grupo de baile y actuación, eran un lugar donde la comunidad LGTBIQ se sentían a salvo en un contexto histórico social donde la homofobia, el racismo y la discriminación por lo desconocido, como el VIH, eran temas a la orden del día.

Al final de la década de los años 60, surgen los disturbios de Stonewall, donde la comunidad queer se enfrentó a la policía. ¡Ya no había que esconderse más! Los años pasaron y la subcultura del Ball Room fue expandiéndose. No fue hasta 1990 con el estreno del documental Paris is Burning de Jennie Livingston, cuando el Ballroom adquirió total importancia, siendo reconocida como cultura mainstream. En el documental se mostraron todas las facetes del Ballroom en los años 80 a través de Dorian Corey, Pepper Labeja o Angie Xtravaganza.

“la lectura es la verdadera forma del arte del insulto. La idea es ver a través de la actuación o vestuario de tu oponente y devolverlo de vuelta de una manera exagerada. Quieres darles una parte de tu mente. Entras en una burbuja inteligente porque si encuentras un defecto y lo exageras, entonces tienes una buena lectura. Voguing es lo mismo”.

Venus Xtravaganza

En este contexto surge el Voguing, un estilo de baile inspirado en el estilo de los jeroglíficos del Antiguo Egipto y en las míticas poses de las modelos de la revista Vogue; caracterizadas por movimientos con posturas angulares, lineales, poses estáticas y por caminatas como si fuera una pasarela imaginaria (catwalk). David DePino uno de los DJS más influyentes de la cultura Ballroom señala que el inicio fue en el club Footsteps en la segunda avenida con 14th Street, donde se encontraban Paris Dupree y otras black Queens. En un momento dado, Paris sacó un ejemplar de la revista Vogue del bolso y comenzó a imitar las poses de las modelos, acompañándolas con la música todo perfectamente sincronizado y con una actitud provocativa. 

Dicha provocación fue devuelta por parte de otra black queen que se acercó e hizo otra pose frente a París en tono de respuesta. Este shading, el intento de quedar por encima de la otra, se incorporó pronto en las balls tomando al principio el nombre de Posing, aunque posteriormente y se llamó Voguing, por tener sus bases en la revista de moda.

Inevitablemente, el Voguing alcanzó los círculos más mainstream de la cultura, y es aquí cuando interviene Madonna con su tema Vogue. Ella vio el Voguing en un bar de Nueva York y quedó fascinada. Más tarde, la persona que se encargó de enseñarle los movimientos además de diseñar la coreografía del video musical fue José Gutiérrez, miembro de la Casa de Xtravaganza. A partir de este momento, el Voguing logró un alcance mundial.

La cultura de Ballroom persiste y ha dejado su herencia en el mundo de la moda, el entretenimiento, en el arte, la música y en el activismo. Sin querer, de una manera u otra, todos hemos visto Voguing ya sea a través de Netflix con como RuPaul´s Drag Race o Pose ; a través de la música con Lady Gaga, Rihanna o Ariana Grande.

Aya Sato y Bambi. Referentes contemporáneas del Voguing.

Cada vez que un artista, un anuncio o simplemente alguien que baila Voguing sin acreditar sus orígenes, la cultura se marchita, y es una pena que no se reconozcan sus raíces, ya que sin estas, muchas influencias artísticas que estamos acostumbrados a ver no existirían.

Así que recordemos: ¡Dad al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios!